En verano los cupcakes sufren con las altas temperaturas. La clave está en elegir bien la cobertura, evitar la nevera siempre que sea posible y usar trucos sencillos para que lleguen en condiciones a su destino.
Qué coberturas aguantan el calor y cuáles no
Las coberturas a base de queso crema o nata montada son las primeras que se derriten cuando suben los grados. Aunque en la nevera se mantienen, al sacarlas sudan y pierden textura. La buttercream de mantequilla también se ablanda bastante por encima de 25 °C, aunque si la has hecho con una buena proporción de azúcar glas aguanta un poco mejor.
Las que mejor se defienden son las coberturas de ganache de chocolate negro, las american buttercream muy cargadas de azúcar y, sobre todo, las decoraciones de fondant o pastillaje. Si quieres ir sobre seguro en días de mucho calor, un glaseado de royal icing o una cobertura de merengue italiano cocido también resisten bastante bien.

Cómo conservarlos en casa con calor
Lo ideal es dejarlos a temperatura ambiente en un lugar fresco y oscuro, dentro de una caja de cartón o un recipiente con tapa que no esté completamente hermético. La nevera no es la mejor amiga de los cupcakes: el frío reseca el bizcocho y cuando los sacas la cobertura suele sudar y estropearse.
Solo los metería en la nevera si llevan rellenos cremosos lácteos o si la temperatura de casa supera los 30 °C de forma continua. En ese caso, sácalos una hora antes de consumirlos para que se atemperen. He comprobado muchas veces que un cupcake que ha pasado 24 horas en la nevera nunca recupera la misma textura que uno que se ha mantenido a temperatura ambiente.
Con rellenos de nata o crema pastelera hay que ser estrictos: la AESAN insiste en que los alimentos perecederos no deben pasar horas fuera de la nevera, y en verano ese margen se acorta mucho.
Trucos para transportarlos cuando hace calor
El transporte es lo más complicado. Nunca los lleves en el maletero del coche ni dentro de una bolsa cerrada. Utiliza una caja de cupcakes con separadores individuales y colócala en el asiento de atrás con el aire acondicionado puesto.
Si no tienes aire, envuelve la base de la caja con una bolsa térmica o con paños de cocina fríos (no húmedos). Otro truco que me ha salvado más de una vez es congelar una botella de agua pequeña y colocarla dentro de la caja sin que toque directamente los cupcakes. El frío suave mantiene la temperatura sin llegar a condensar.
Evita decoraciones altas o con elementos que puedan caerse con el movimiento. Prefiere toppers planos o simplemente un poco de sprinkles que no se derritan. Si vas a llevarlos a una fiesta, intenta hacer el trayecto lo más corto posible y no los saques de la caja hasta el último momento.
Con estos trucos que he ido aprendiendo a base de cupcakes sudados y derretidos, consigues que incluso en pleno agosto tus dulces lleguen perfectos. Al final, lo más importante es adaptar la receta al tiempo que hace ese día y no empeñarte en poner una cobertura que sabes que no va a aguantar.

